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Un grupo de expertos en odontología de la Universidad CEU Cardenal Herrera (CEU-UCH) ha descubierto que el ácido metafosfórico tiene la característica de mejorar la resistencia de los empastes dentales y de prolongar su duración.

La investigación que ha demostrado la mayor eficacia de este ácido en comparación con la del ácido ortofosfórico, ha sido realizada en colaboración con profesores de universidades de Brasil, Italia y Reino Unido, y sus resultados se ha publicado en la revista internacional Journal of Dentistry.

En este nuevo procedimiento los empastes no se degradan con el paso del tiempo y se alarga su vida útil, lo que evita problemas de salud dental a largo plazo, además de un ahorro económico.

Aunque la aplicación del ácido metafosfórico precisa 60 minutos, frente a los 10 a 20 minutos que son necesarios para aplicar el ortofosfórico, los investigadores consideran que vale la pena emplear más tiempo en el tratamiento de los tejidos para prevenir las filtraciones que se producen en algunos casos en la actualidad y que conducen al fracaso de dichos tratamientos. Por ello, aconsejan que se realicen ensayos clínicos de larga duración y con distintos tipos de adhesivos y materiales de restauración, a fin de comprobar la efectividad de este producto a largo plazo.

Fuente: Webconsultas.com

«No está demostrado que la hora de la ingesta influya. Hay que tener en cuenta que la fruta en principio no engorda, porque aunque es verdad que todo alimento tiene un valor calórico, siempre dependería de las cantidades. Hay que entender que la gordura es un exceso de grasa, por lo tanto lo que nos engorda son alimentos con grasa y no la fruta que son hidratos de carbono. Da igual la hora a la que se consuma», asegura el Doctor Miguel Ángel Rubio Herrera, Jefe de la Sección de Endocrinología del Hospital Clínico San Carlos.

De que engordemos o no depende de la cantidad de fruta que consumamos, pues no parece probado que la fructosa se convierta en grasa. Ni siquiera en los zumos. El problema de estos radicaría en que, en primer lugar, necesitamos varias piezas para hacerlo y, después, que la forma de absorción la fructosa en líquido es más rápida y no aporta fibra, aunque hay que decir que no se pierden vitaminas como dicen, explica el Dr. Rubio.

Otro asunto sería añadir azúcar al líquido exprimido, con lo que estaríamos hablando de un refresco. En estos casos la fructosa sí se convierte en grasa, con el consiguiente aumento de calorías.

Por otro lado, si decidimos tomar la fruta antes de cada comida puede ser saciante, lo que colaboraría a una ingesta más moderada.

Antes o después, lo importante es controlar las cantidades y hacer un consumo ordenado.

«Yo aconsejo tomar tres o cuatro piezas al día. No creo que realmente el problema esté en la fruta, sino en el resto de los alimentos que tomamos en verano: que si el tinto de verano, la ensaladilla rusa y luego la sandía o el melocotón. Claro, luego le echamos la culpa al melocotón«, asegura el experto.

Están permitidas todas las frutas, incluidas las fresas, ciruelas o plátanos que tienen más calorías que el melón o la sandía, aunque haya gente que sienta más sensación de estar llena con las que más agua contienen. De hecho puede ser más sano un gazpacho de sandía que el clásico.

Si además realizamos deporte, la fruta debería ser un alimento imprescindible en nuestra dieta, independientemente del momento. Los runners que preparen una pieza al menos para después del ejercicio. «Esa fructosa que contiene la fruta no solo no engorda sino que es muy recomendable para los deportistas después de correr. Es perfecto para reponer el glucógeno hepático y muscular que se ha perdido durante la carrera», aconseja el médico que además se mastique bien.

Forma parte de la dieta mediterránea y es muy sana, pero eso sí, siempre en su justa medida pues el endocrino advierte: «las dietas que recomiendan consumir únicamente fruta y que se hace más de dos días da debilidad, porque no tiene proteínas, y si se hace durante un tiempo prolongado puede producir muerte súbita por arritmia«.

Fruta sí, antes, durante o después de las comidas también. Lo esencial es llevar un control del aporte calórico de todas las comidas del día y no pasarnos.

Fuente: Correr y Fitness