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«El amor no es solo romance: es supervivencia»

«El amor no es solo romance: es supervivencia»

 

Durante siglos, el amor ha sido explicado desde la poesía, la filosofía y el arte. Se le ha cantado como destino, como milagro o como locura. Sin embargo, la ciencia moderna ha demostrado que amar no es únicamente un acto romántico o emocional, sino una función biológica profundamente arraigada en la supervivencia humana. El amor está tan integrado a nuestro organismo como la necesidad de agua, alimento o descanso.

El cerebro enamorado: una reacción química

Cuando una persona se enamora, su cerebro se convierte en un verdadero laboratorio químico. Hormonas y neurotransmisores como la dopamina, la oxitocina, la serotonina y la adrenalina se activan de manera intensa. La dopamina es responsable de la sensación de placer y recompensa; por eso, el amor puede generar euforia, motivación y una sensación de bienestar similar a la que producen algunas sustancias adictivas.

La oxitocina, conocida como la “hormona del apego”, fortalece los vínculos afectivos, fomenta la confianza y refuerza la necesidad de cercanía física y emocional. Se libera durante los abrazos, el contacto físico, el sexo y también en momentos de conexión emocional profunda. No es casualidad que esta hormona sea clave en el vínculo entre madres e hijos y en las relaciones de pareja duraderas.

 

Amar reduce el estrés y protege el cuerpo

Diversos estudios científicos han demostrado que las relaciones afectivas saludables ayudan a reducir los niveles de cortisol, la hormona del estrés. Las personas que se sienten amadas y acompañadas suelen presentar menor presión arterial, mejor respuesta inmunológica y un riesgo reducido de enfermedades cardiovasculares.

El amor también actúa como un analgésico natural. La sensación de apoyo emocional puede disminuir la percepción del dolor físico, mejorar la calidad del sueño y favorecer procesos de recuperación en personas que atraviesan enfermedades o intervenciones médicas. Incluso, investigaciones a largo plazo sugieren que quienes mantienen vínculos afectivos sólidos tienden a vivir más años.

Deseo, apego y celos: el otro lado del amor

El mismo sistema que impulsa el amor también puede generar emociones intensas como el deseo, la posesividad o los celos. Desde una perspectiva evolutiva, estas reacciones tienen un objetivo claro: proteger el vínculo y asegurar la continuidad del grupo o la descendencia.

Sin embargo, cuando estas emociones se desbordan o no se regulan de manera saludable, pueden convertirse en una fuente de sufrimiento. El amor, al estar tan profundamente conectado con los circuitos de recompensa del cerebro, puede provocar dependencia emocional, miedo a la pérdida y ansiedad ante el abandono.

El corazón roto existe… y es real

Cuando una relación termina de forma abrupta o tras una pérdida significativa, el cuerpo no solo sufre emocionalmente. La ciencia reconoce una condición conocida como síndrome del corazón roto o miocardiopatía por estrés, una alteración temporal del funcionamiento del corazón provocada por una descarga extrema de estrés emocional.

En estos casos, el organismo libera grandes cantidades de adrenalina y otras hormonas que pueden afectar directamente al músculo cardíaco, generando síntomas similares a un infarto: dolor en el pecho, dificultad para respirar y fatiga intensa. Aunque suele ser reversible, demuestra que el dolor emocional puede manifestarse de forma literal en el cuerpo.

El amor como necesidad humana

Más allá de su dimensión romántica, el amor cumple una función esencial: nos conecta, nos protege y nos ayuda a sobrevivir. Los seres humanos somos sociales por naturaleza, y el aislamiento prolongado puede ser tan perjudicial como una mala alimentación o la falta de sueño.

Sentirse querido, valorado y acompañado fortalece la salud mental, reduce la depresión y da sentido a la vida. Por eso, el amor no debería entenderse únicamente como una historia de pareja, sino como una red de vínculos: familia, amistades, comunidad y afecto.

Conclusión

El amor no es un lujo emocional ni una debilidad. Es una fuerza biológica poderosa que moldea nuestro cerebro, influye en nuestro cuerpo y define nuestra manera de vivir. Puede sanar, sostener y prolongar la vida… pero también puede doler profundamente cuando se rompe.

Entender el amor desde la ciencia no le quita magia; al contrario, revela por qué es tan intenso, tan necesario y tan humano. Porque amar, en el fondo, no es solo sentir: es sobrevivir.