«El premio más exclusivo del Festival de Viña»

Hay noches en la Quinta Vergara en las que el aplauso no se mide en minutos, sino en historia. No todas las presentaciones en el Festival de Viña del Mar terminan con el mismo brillo. Algunas se convierten en recuerdos imborrables, en momentos que trascienden generaciones. Y en contadas ocasiones, ese vínculo entre artista y público alcanza un nivel tan profundo que el reconocimiento supera cualquier rutina: la Gaviota de Platino.
Este galardón no forma parte del protocolo habitual. No se entrega cada año ni responde a una moda pasajera. Es un símbolo reservado para quienes han construido una relación casi emocional con el “Monstruo”, ese público exigente capaz de elevar o derrumbar una carrera en cuestión de minutos. La Gaviota de Platino representa trayectoria, impacto cultural y una conexión que resiste el paso del tiempo.
El primero en recibirla fue Luis Miguel en 2012. Aquella noche marcó un antes y un después en la historia del festival. “El Sol de México” no solo ofreció un espectáculo impecable; consolidó décadas de éxitos que habían acompañado a millones de personas en América Latina. El reconocimiento no fue solo para el artista, sino para una era musical entera.

Años después, en 2017, la española Isabel Pantoja recibió el mismo honor en una presentación cargada de emoción. Su regreso a los escenarios internacionales tenía un peso simbólico especial, y Viña fue testigo de un reencuentro intenso entre la artista y el público latinoamericano.

En 2019, el festival otorgó la Gaviota de Platino de manera póstuma a Lucho Gatica, uno de los máximos exponentes del bolero y orgullo chileno. Fue un homenaje que traspasó generaciones, reconociendo la huella imborrable de su voz en la música romántica del continente.

La tradición continuó en 2023 con Los Jaivas, banda fundamental en la identidad musical chilena. Su fusión de rock y raíces latinoamericanas no solo marcó una época, sino que construyó un legado artístico que sigue vigente. La Quinta vibró esa noche con la sensación de estar celebrando historia viva.
En 2025, fue el turno de Myriam Hernández, cuya trayectoria en la balada romántica ha sido constante y sólida. Su conexión con el público de Viña ha sido profunda a lo largo de los años, y la Gaviota de Platino llegó como una consagración definitiva.
Más recientemente, Mon Laferte se sumó a esta lista exclusiva, confirmando que la distinción no solo reconoce carreras extensas, sino también propuestas artísticas que han logrado trascender fronteras y generar identidad. Su estilo, su intensidad interpretativa y su evolución musical la posicionaron como una figura imprescindible para el festival.
Solo seis nombres figuran en esta selecta lista. Seis historias distintas, seis trayectorias que encontraron en Viña del Mar un escenario capaz de amplificar su legado. La Gaviota de Platino no es simplemente un trofeo; es una declaración de impacto cultural. Es la prueba de que, cuando la música logra tocar fibras profundas, el reconocimiento se convierte en eternidad.
En un festival donde cada año desfilan estrellas internacionales y nuevos talentos buscan conquistar al público, la existencia de este premio recuerda que no todo se mide en tendencias. Algunas carreras se construyen con décadas de canciones, de escenarios y de emociones compartidas. Y cuando esa historia alcanza su punto máximo en la Quinta Vergara, el aplauso se transforma en platino.


