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«El que persevera, alcanza»

Las personas dinámicas en la historia de la humanidad han sido las que se han movido constantemente y a un ritmo acelerado e imparable, producto de ese deseo por desarrollar destrezas físicas e intelectuales y la curiosidad por saber el porqué de todo lo que existe o sucede a su alrededor y el mundo; evidentemente, están en algo que capta su interés, haciéndolos protagonistas de una sociedad activa y pujante.

Destacados personajes, entre hombres y mujeres, dejaron un valioso legado como aporte a las distintas esferas en que hoy transita la vida de los seres humanos; grandes inventos y descubrimientos fueron resultado de largas observaciones y experimentos, una dedicación tenaz que sin lugar a dudas les tomaba horas interminables en la labor de hallar el objetivo trazado. Como dice el viejo refrán: “persevera y vencerás”.

Los tiempos han evolucionado, dando un giro de trecientos sesenta grados con relación a siglos anteriores, cuando trasladarse o comunicarse era cuestión de días, meses o años, y la realización de tareas, desde la más rutinaria y sencilla, tomaba más esfuerzo que hoy; sin embargo, fue una época que alumbró sobresalientes científicos, músicos, filósofos, escultores y pintores que marcaron un florecimiento en la historia.

Ahora vivimos la era digital, con otros desafíos que nos ponen en alerta ante nuestra realidad actual, mientras los avances tecnológicos facilitan todo un conjunto de actividades otrora desempeñadas por el ser humano, utilizando mayor tiempo y espacio. La inmediatez de hoy permite realizar procesos con un simple clic y coloca toda la información que se haya recabado del universo en nuestras manos, favoreciendo, por lo tanto, la perspectiva del hombre por incrementar sus conocimientos.

 

No obstante, paralelamente, vemos crecer la amenaza de una atmósfera de desintegración social y familiar, pues se está perdiendo el calor humano, posiblemente, porque el modo de contacto con los demás ha prescindido totalmente de la presencia del otro para comunicarse.

La vida es una sola. Caminar junto a ella y no sentarse a verla pasar no significa dedicarse únicamente a trabajar o a emprender nuevos retos, sino, sobre todo, darse tiempo para disfrutar de la compañía de personas queridas. La afectividad es un aliciente que fortalece el espíritu y enriquece esperanzas, particularmente en situaciones difíciles; un gesto fraternal abre puertas y ayuda a visualizar nuevos horizontes.

 

Fuente: Revista Mariela