Cargando
.

Lee la revista aquí

No eres introvertido ni extrovertido: eres otrovertido

«NUEVO TIPO DE PERSONALIDAD»

 

 

Durante años, la conversación sobre la personalidad humana ha estado dominada por dos grandes etiquetas: introvertido y extrovertido. Pareciera que solo existen esos dos extremos, y que todos debemos encajar perfectamente en uno de ellos. Sin embargo, muchas personas sienten que no pertenecen del todo a ninguno. No se reconocen como quienes buscan atención constante ni como quienes evitan casi todo contacto social. Para ellas, ha surgido un término cada vez más popular: otrovertido.

El concepto de “otrovertido” no es un diagnóstico clínico ni una categoría oficial dentro de la psicología, pero funciona como una forma clara y cercana de describir una experiencia muy común. Las personas otrovertidas suelen disfrutar profundamente de la soledad, no como aislamiento, sino como un espacio necesario para recargar energía, pensar, crear y reconectar consigo mismas. El tiempo a solas no las deprime: las ordena.

Al mismo tiempo, el otrovertido no rehúye lo social. Valora las conversaciones profundas, los vínculos auténticos y los encuentros significativos. No siente atracción por cualquier fiesta, reunión o evento multitudinario; solo aquellos que se sienten genuinos, donde hay conexión real. Puede pasar desapercibido en un grupo grande, pero brillar en una charla íntima donde se habla de ideas, emociones o experiencias de vida.

Una de las mayores confusiones para quienes se identifican con este perfil es la sensación de “rareza”. Muchos se preguntan por qué no son tan sociables como algunos, pero tampoco tan reservados como otros. La respuesta no es que algo esté mal, sino que su energía social funciona de manera distinta. Necesitan equilibrio: momentos de silencio y espacios de conexión real. Demasiada exposición social los agota; demasiado aislamiento también.

En un mundo que suele premiar la hiperextroversión —la visibilidad constante, el hablar fuerte, el estar siempre disponible—, el otrovertido a veces se siente fuera de lugar. Sin embargo, este tipo de personalidad suele aportar escucha profunda, reflexión, empatía y vínculos más sólidos, cualidades cada vez más necesarias en una sociedad acelerada y superficial.

Reconocerse como otrovertido puede ser liberador. Permite dejar de forzarse a encajar en moldes ajenos y empezar a respetar los propios ritmos. No se trata de elegir entre soledad o compañía, sino de entender que ambas pueden coexistir y nutrirse mutuamente. Al final, no es una etiqueta para limitarse, sino una manera de comprender mejor cómo se vive la energía social y emocional.

Porque no, no estás roto. No eres contradictorio. Simplemente funcionas distinto. Y en ese equilibrio entre estar contigo y conectar con otros, hay una forma muy válida —y profundamente humana— de habitar el mundo.