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El romanticismo se enluta tras la muerte de Camilo Sesto

Camilo Sesto cantó en sus canciones al amor, al frustrado y al logrado. El artista, compositor de casi todos sus trabajos, eligió este tema como eje central de su carrera pero él nunca logró vivir algo así. Muchos fueron los nombres que se relacionaron con Camilo Sesto pero él siempre eludió hablar de ello pese a que en los años 70 y 80 cuando estaba en la cima de su éxito era habitual que los famosos compartieran su vida personal con sus fans. Personas de su círculo achacan a su gran timidez el blindaje que estableció sobre su intimidad. Solo hizo una excepción con su hijo Camilo, nacido de la relación que tuvo con Lourdes Onerlas, una de sus fans. El joven que ahora tiene 36 años y vive en México, el país de su madre, es el gran heredero del legado de su padre.

En la hora del adiós al gran cantante fallecido el pasado domingo están desvelándose algunos de los asuntos de esa vida que él vivió con discreción. Andrea Bronston, hija del gran productor de cine de Hollywood, Samuel Bronston, confirmó en Telemadrid lo que siempre calló. «Tuve una relación personal con Camilo. Y no voy a decir nada más. El resto me lo quedo para mí».  Lo que sí contó Bronston es que conoció al cantante por Miguel Bosé. Este último publicaba en sus redes sociales una foto con un emocionado mensaje a Sesto, su primer productor y su amigo. Los Dominguín-Bosé fueron importantes en la vida de Camilo Sesto. Revistas de los años 70 relacionaban al cantante con Lucía Bosé. La pareja ni confirmó ni desmintió nada. De lo que les unía solo trascendió el trabajo musical que realizaron juntos, ella como letrista. Tras Lucía Bosé llegaron Rosetta Arbex, hermana del líder de Los Brincos, Fernando, a quien Camilo le dedicó la canción Ay, ay, Rosetta; la modelo norteamericana Denise Brown; la miss puertorriqueña Lizette Rodríguez y la actriz y modelo británica Alexandra Montenegro.

A quien adoró y también veneró fue a Lola Flores, de quien se declaró rendido admirador. Camilo Sesto fue un mitómano y cultivó el misterio alrededor de su vida. Sus últimos años los pasó retirado en su casa de Torrelodones (Madrid), una gran mansión rodeada de una gran superficie de terreno. También poseía una residencia en Palma de Mallorca. Allí recibía la visita de unos pocos y pasaba mucho tiempo pintando, su otra gran afición. Muchos de sus amigos se han quejado en las últimas horas de que les resultaba imposible comunicarse con él y menos aún visitarle. Era una soledad buscada que no le creaba ninguna infelicidad.

Cuarenta discos publicados —el último Camilo Sinfónico, con algunos de sus grandes éxitos reinterpretados por una orquesta y voces como las de Ruth Lorenzo, Pastora Soler o Marta Sánchez—, medio centenar de números uno en distintos países y más de 70 millones de copias vendidas avalan a Camilo Sesto como uno de los más grandes artistas españoles de siempre. Su hijo Camilo, de 36 años, es el gran heredero de todo este legado. Camilín, como le llamaba su padre, lleva media vida intentando abrirse camino como cantante.

 

 

 

 

 

 

 

Fuente: EL Pais